ENTREVISTAS

Carla o la moderación

/ La Nación Revista, 08.06.2008 /

Su protagónico en Lalola, la telenovela que se convirtió en un fenómeno y logró 16 nominaciones a los premios Martín Fierro, la ubicó en los primeros planos. Sin embargo, Carla Peterson toma todo con naturalidad, no se sube a ninguna ola y dice que simplemente se preparó para ser una buena actriz.

Uno percibe que esta chica de 34 años, con una voz casi infantil, es firme y claramente madura en sus respuestas, aunque se puede sospechar que toda su solidez, su savoir faire, se concentra en el trabajo como actriz. Carla Peterson hace fácil lo difícil. Tiene un teléfono que ella misma atiende. Cuando promete llamar, llama. Llega puntual a las citas. Tanto a la charla en el Museo Metropolitano como al estudio de fotografía para la producción que ilustrará esta nota. Y hace que el clima de trabajo resulte impecable.

Si entendemos como posmoderna la era del fin de los grandes relatos, pues ella es una representante típica: tanto cuando cuenta que su padre es aviador militar como cuando habla de su lugar como protagonista de Lalola, el gran éxito televisivo, realiza su relato quitándole toda intensidad. A todo lo que cuenta le quita peso específico. Todo es relativo. Es lo ecléctico en estado puro. Mantiene cierto relax, cierta distancia desde donde mira todo. Carla es la cara más visible de Lalola, esta novela televisiva ideada por Sebastián Ortega y producida por Dori Media que se convirtió en un fenómeno internacional. Hasta el Diario The Guardian, de Londres, la rescata como gran actriz y dice que sólo Eva Longoria (una de las protagonistas de Amas de casa desesperadas) podría lograr un trabajo semejante al de la protagonista argentina. Responde con tanto cuidado a cada pregunta que la tarea parece requerirle un esfuerzo extremo.

– Empecemos por el principio: estudió y trabajó con Miguel Guerberof; luego, en el Brodway Dance Center, de Nueva York, en el Washington School for the Visual and Performing Arts... ¿Se preparó para la excelencia?
– Sí, aunque no lo pensé de ese modo. Pero sí, me preparé para ser buena y para ser legítima en lo que hago, en mi decisión de ser actriz, en tratar de llegar a lo más profundo de lo que significa ser un actor.

– ¿Esta rigurosidad era un mandato familiar?
– No un mandato familiar, pero siempre me enseñaron que las cosas las tenía que hacer en serio, no ir a lo superficial o a lo meramente divertido.

– ¿A qué colegio fue?
– Al Santa Unión, en Esmeralda y Córdoba. Es un colegio católico, un clásico colegio católico de Buenos Aires en esa época. Concurrí durante doce años. Era un colegio humanista, con muy pocas alumnas. Estudiaba latín.

– ¿Qué hacen sus padres?
– (Responde mecánicamente, como quien llena un formulario) Mi mamá es abogada, mi papá es aviador militar.

– ¿Y qué querían para usted?
– No querían que fuera actriz. Querían que estudiara una carrera.

– ¿Cómo es tener un padre aviador militar?
– Es un padre que se despedía muchas veces a la semana. Cada vez que se iba era una despedida.

– ¿Es un señor con uniforme?
– ¡No! El uniforme se lo ponía para algunas ocasiones.

– ¿Cómo fue y cómo es tener un padre militar en este país?
– No sé cómo será. Yo puedo hablar de mi papá.

– ¿Estuvo en Malvinas?
– Sí (hace una pausa). Estuvo en Malvinas. Pero él no es piloto de aviones de caza, sino que hizo el puente aéreo de Malvinas a Río Gallegos, trayendo y llevando a gente. Yo tenía ocho o nueve años.

– No es frecuente un padre que haya participado en una guerra.
– Te vas dando cuenta con el tiempo. Todos nos fuimos dando cuenta de qué éramos nosotros: hijos de quiénes éramos. Y también ubicar quién era mi papá, en un país donde los militares son… (queda así). Durante mucho tiempo nadie hablaba de nada. Y mucho menos yo, siendo actriz.

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